Todo comenzó en una fría y lluviosa noche invernal en una población abandonada de la mano de dios.
La gente no gusta de salir en invierno por estos lugares y menos cuando llueve. La humedad y la falta de alumbrado publico hacen que no sea demasiado apetecible bailar bajo la lluvia.
Aquella noche el que escribe andaba de camino a casa despacito, con sumo cuidado para no pisar demasiados charcos y tratar de embarrar lo mínimo posible los zapatos nuevos.
Venia de casa de un amigo, de jugar a una nueva vídeo consola que recientemente acababa de enviarle un tío suyo que vivía en la gran ciudad, la Master System.
A pesar de que para nosotros era novedad sabíamos que aquello era un objeto de segunda mano, en la gran ciudad seguro que jugarían ya con cascos de realidad virtual a juegos tridimensionales.
Era realmente una condena vivir en aquel incomunicado pueblo.
Aquí los chavales gordos con gafas y cara repleta de granos juegan en sus casas con ordenadores personales con teclado empotrado y salida de vídeo mientras que según una revista que encontramos hace unos años se podía leer y ver que los ordenadores ya no eran así.
Cruce un par de callejones corriendo hasta llegar a la calle principal, la calle donde teníamos la cantina y el cine.
En el cine aquella tarde proyectaron una novedad: “lo que el viento se llevo” subtitulada en castellano antiguo, una pena que no pude ir a verla, no suelen llegar muchas películas por aquí en nuestra lengua.
A pesar de no poder contrastar mi realidad con otras sabia que allí las cosas iban con retardo y menos mal que en la cantina del pueblo teníamos una maquina con el novedoso juego de Michael jackson.
Me aparte de la calle principal por un callejón que daba a la parte periférica del pueblo, bueno en realidad aquí cuando te apartas de la calle principal todo es periferia, campo y más campo.
Mientras deslizaba mi gorro de lana del bolsillo de la cazadora de piel de borrego vislumbre una luz a lo lejos.
La luz fue acercándose rápidamente por lo que me escondí tras un montón de piedras para ver de que se trataba.
En cuestión de unos minutos lo tenia frente a mi, se trataba de un camión de reparto.
Estaba ante un acontecimiento único, un camión en aquel pueblo, algo digno de grabarse con cámara y reproducirse luego en la cantina del pueblo, pero … ocurrió algo inesperado.
Todo transcurrió como a cámara lenta, el camión a toda velocidad choco contra un árbol y dio un par de vueltas de campana para finalmente acabar tumbado de lado a escasos metros de mi.
El camionero quedo atascado en la cabina, se le escuchaba gritar pidiendo auxilio, estaba allí atrapado seguramente emanando ríos de sangre mezclados con lágrimas en los ojos y liquido de frenos.
Por un instante pensé en ayudarle pero rápidamente esa estúpida idea desapareció de mi cabeza y comencé a robar la mercancía del camión.
En cuestión de 2 horas ya no quedaba nada y el camionero había dejado de gemir, ya no era necesario amordazarle y ponerle una bolsa en la cabeza para que dejase de respirar.
Durante aquellas horas no apareció nadie por allí, cosa normal puesto que aunque un meteorito cayese cerca del pueblo nadie se atrevería a salir de casa un día de lluvia.
La mercancía la lleve al cuarto trastero de mi casa de caja en caja y después saque el tractor pala de la nave para posicionar el camión en el camino.
El camionero estaba fiambre así que lo aparte al asiento del conductor y probé a arrancar el camión.
A la tercera el camión arranco y aunque la dirección parecía estar jodida pude apartarlo hasta la ciénaga colina abajo para finalmente sepultar para siempre el camión y al conductor bajo el liquido elemento.
A altas horas de la madrugada llegue a casa, un poco cansado pero deseoso de ver el contenido de aquellas cajas que tanto trabajo me había costado conseguir.
